miércoles, 4 de noviembre de 2009

De viajes intergalácticos abordo de la Daewoo II



Saliendo divisé a la Daewoo decentemente llena (aclaración: generalmente los pasajeros van tan revueltos abordo que el espacio vital no cabe con uno mismo). Titubeé al reconocer que, además de cruzar corriendo la autopista -esquivando automóviles-, tendría que subir al bus cogiendo con una mano mi pedazo de torta de chocolate. Lo peor de todo es que ya ni ganas tenía de comerme ese pastel por el que acababa de pagar un sol con veinte centavos, era un total desperdicio de dinero y ahora se transformaba, además y todavía, en un estorbo, una masa potencialmente hecha para manchar de chocolate a los demás pasajeros. Mientras hacía la acrobacia de subir, pagar, darle un mordizco a mi torta, mostrar mi carné universitario y 'avanzar al fondo'; me veía a mí mismo como un marrano, y en cada mordida, migajas de color marrón caían sobre los pasajeros que iban sentados, el extremo cremoso manchaba las blancas camisas de los trabajadores que volvían a casa y mis retinas soportaban todas las miradas de desprecio lanzadas por los pasajeros ensuciados. La música era la detestable cumbia de siempre, sin embargo mi torta -y yo comiéndola en un bus lleno- se me hacía aún peor. Si la cumbia tuviera ojos seguramente le hubiese clavado una mirada igual a la que la chica sentada frente a mí arrojó sobre mi pupila.


Mi mochila bamboleaba, pesada, cuando algún pasajero pasaba por mi costado; yo, con los cachetes inflados por un chocolate cremoso que se hacía cada vez más pegajoso en el interior de mi boca, intentaba detener el movimiento a guisa de péndulo que realizaba mi mochila y que amenazaba con golpear la cabeza de la chica sentada frente a mí. Y la detenía con éxito, como aquel arquero de fútbol defendiendo con reflejos su portería. Ella sólo me miraba cada más feo mientra escuchaba su propia música a través de sus audífonos. El bus frenó y subió una docena de universitarios frente a la puerta tres de la universidad de San Marcos; ella comprendió que ni Íker Casillas la salvaría de ser golpeada por mi bamboleante mochila, y yo me sentía tan estúpido sin poder terminar de tragar mi torta de chocolate.


- Yo cargo tu mochila por ti.

Sus mejillas rosadas y sus manos lindas aunque algo descuidadas, y yo con los cachetes inflados, temiendo que las migajas marrones escaparan por mis labios masticando mientras que al mismo tiempo intentaba lanzar un 'Gracias' varonil. No ocurrió ni lo uno ni lo otro: felizmente las migajas no salieron disparadas para manchar sus lindos cachetes, pero mi palabra de gratitud no salió para nada varonil, más bien ridícula.


Con la mirada trataba de ordenar al señor que iba sentado al lado de la chica de los audífonos que se bajase de inmediato del bus, temía que alguna señora gorda suba al carro y se parase a mi costado esperando que cuando el señor se digne a bajar yo le ceda ese asiento. Cogí el último trozo de torta, importándome nada el que mis dedos se manchen con la crema, y lo introduje de un golpe a mi cavidad bucal, la muchacha me miró nuevamente y yo me avergoncé, así que consulté rápidamente mi reloj para evitar el cruce de miradas, la bolsa asquerosa de la torta manchó mi chompa cuando doblé el brazo para ver la hora, introduje la bolsa en mi bolsillo casi por reflejo, luego advertí que mi pantalón resultaría manchado, la muchacha sonrió al ver mi rostro de nerd aflijido por la pésima actuación, el señor se levantó pidiendo permiso, ella se arrimó contra la ventana y felizmente ninguna vieja gorda estaba cerca mío para impedir que me siente a su lado. Me devolvió mi mochila y yo intenté mejorar mi 'Gracias'. El resultado no cambió.


En el transcurso noté que no podía preguntarle la hora a causa de que ya había mostrado mi reloj pulsera. Si hubiese sido una película de Hollywood hubiese ocurrido alguna desgracia, algo se hubiera salido de control y yo hubiera podido salvarla mediante un reflejo heróico; claro, y ella sería Megan Fox. En vano esperé una balacera, o a los hinchas de la U que regresaran contentos tras vencer al Cienciano; nada de eso ocurriría. Opté por sacar a Julio Cortázar de mi mochila y empezar a leer, y, por supuesto, quitarle a esa chica todas las dudas hasta ese momento esperadas: mi figura era la de un completo nerd.


Pasaba una por una las páginas, y por dos ocasiones logré percatar que la muchacha leía conmigo, lamentablemente un bostezo de su parte me permitió saber de inmediato que Cortázar no era de su agrado; luego, ella le bajó el volumen a su walkman, y dejó descansar su cabeza sobre el vidrio de la ventana. Cortázar y yo nos reprenderíamos como lo hizo alguna vez Gabriel García Márquez en uno de sus cuentos peregrinos, ¡Carajo, por qué no nací Tauro!


Tras terminar de leer un cuento opté por sacar mi Perú.21, mi sudoku, y empezar a desarrollarlo en su delante. No solamente ella sabría que quizá yo era el más nerd de los nerds, sino que, en mi idiosincracia, empezaba a sospechar que mi estupidez 'intelectualoina' le hacía gracia, me parecía haberla descubierto sonreír en más de una ocasión durante ese viajecito; quizá ella podría ayudarme a desarrollar el rompecabezas numérico, quizá ella me hablaría a mí primero. Ella volteó, me vio con una mirada alguito mejor que la que sugiere el asco, y volvió a perderse entre su música y sus pensamientos contra la ventana. Ello me exigió batir mi propio récord: siete minutos exactos para resolver un sudoku cuatro estrellas Perú.21.


¡Cuántas veces había logrado con éxito entablar conversación con la chica sentada a mi costado! Siempre sacaba como mínimo el nombre, un par de veces intercambié direcciones electrónicas, hoy sólo me aguardaba el fracaso. Quizá estaba rompiendo la regla dorada de todo mujeriego ocasional: no interesarse realmente, jamás perder la intensión netamente deportiva, no dejarse embobar. Giré rápidamente las páginas del diario hasta llegar al Crucigrama. ¡Lotería! Esa era la estrategia. La muchacha, ya sin pena ni rechazo, se inclinó hasta descansar sus hombros sobre los míos y poder observar atentamente el crucigrama. Empecé rápidamente para detenerme luego, demostrando mi absoluta incapacidad para desarrollarlo, invitándola a dar su opinión, rogándole con mi lenguaje corporal que se uniera y me soplara alguna palabra. Quizá sí entendió el mensaje, pero quizá no se sabía ni una. Seguí desarrollando el crucigrama, ella me observaba atentamente, sentía su mirada sobre mi bolígrafo. Oí unos golpeteos, levanté animoso mi vista hasta encontrar la suya, preguntándole visualmente '¿Cómo?'. Pero ella me miró como a bicho raro; noté que los golpeteos eran por el seguimiento de la batería de la canción que oía, el ruido escapaba a sus orejas y me pareció reconocer al baterista de Maná en Clavado en un bar. Seguí con mi crucigrama. ¿Me iba a hablar o no? Empezaba a desesperarme, ella me seguía observando. Jugándome el buen concepto, temiendo que ella me considerase un desadaptado, reconocí de inmediato a Leisy Suárez, en la esquina inferior izquierda, pero se me ocurrió hacerme el que no recordaba su nombre, así que escribí la L y Suárez, dejando los casilleros en blanco para darle la oportunidad de decirme: "Amigo, es 'Leisy suárez'". Sentí su linda pero descuidada mano sobre mi hombro y comprendí que había perdido, y lo peor es que no le pregunté '¿Va a bajar?', sino qe se me fue un '¿Qué, ya?'; así como el niño del kindergarden que se queda jugando, por fin, con la niñita que le gusta tanto y que nunca antes le había prestado atención, y que a pesar de ser el 'camotito', centro de recepción de burlas por parte de la susodicha y sus amiguitas, se siente feliz, hasta que viene su mamá a recogerlo y éste, igual que yo en ese momento: ¿Qué, ya (nos vamos, mamá)?... ¿Qué, ya (se va a bajar)? Y ella me contestó; no un 'Sí', sino, peor que eso, un 'Sí, ya (se te acabó el tiempo).'

10 comentarios:

mariana dijo...

la proxima no comas en el carro por mas q tengas hambre .....o sino pues comela antes de subir al carro ....me ha pasado eso de q chicos esten comiendo y sus residuos callendo es asqueroso suena cruel pero es asi y de hecho q haciendo eso no conquistas ni a una abuelita pues ...y aun de todo lo acontecido todavia querias entablar amistad con esa chica asu tu si ah !!! q tal atrevimiento el tuyo ....yo me ubiera puesto a dormir pero con ese roche poniendome en tu lugar no hubiera ni querido sentarme con ella , hubiera avanzado y irme lo mas lejos posible ....y ante la molestia de tu mochila q debe haber sido muy incomoda, q le quedaba ayudarte no mas yo eh tenido q hacer eso, q cargan en sus mochilas ....espero q hayas aprendido una leccion y no vuelvas hacer eso por favor .....y si pasas un roche de tal magnitud no intentes conquistar a una mujer ...no quiero ser malvada ....de los roches uno aprende ...
cuidate mucho .....

santiagoMdc on 6.11.09 dijo...

me hace recordar a una historia que voy viviendo ya casi un año :S

Anónimo dijo...

Hola!!

ahh me han sucedido cosas parecidas, de esas que estas como pensando... le hablo, no le hablo, le hablo, no le hablo... y al final pues no le hablas

de veras, hay gente que asi sin nada de pena empieza a sacar platica y uno ni pensandola todo el camino la hace

rayos, hable como si fuera hombre, no te olvides que soy mujer, aunque a veces escribo como si fuera hombre

:D

G on 6.11.09 dijo...

Querida Mariana: En sí, muchas gracias por comentar... ¿Salvo mi imagen si te digo que la hsitoria le pasó a un chico que subió al carro y que yo estaba en ese mismo bus, observando, peor en calidad de pasajero que intenta dormir?... No, mentira, confesaré, sí fui yo. Te doy toda la razón, es más, detesto a la gente que come en los carros, pero si conocieras la realidad de la movilización sanmarquina: conseguir abordar ese carro es una odisea, y más si lo ves casi vacío; no podía esperar a temrinar mi torta y mantener la esperanza de encontrar otro así. Por otro lado, ¿qué podía perder?

Santi: Tienes que escribir acerca de esa historia. Extraño tus cuentos ;]

Ave de estinfalo: No lo olvidaré. Y gracias por tu comentario.

Javier on 7.11.09 dijo...

viajar en la dawoo es una aventura, sobre todo si se hace diariamente... historia bonita que me ha pasado alguna vez!

Mun on 7.11.09 dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
G on 7.11.09 dijo...

Diablos, 'Mun' (tú y tus nomenclaturas); estoy diciendo en un comentario anterior que me subí a la Daewo comiendo porque la encontré vacia. ¿No captas el carácter excepcional de la situación?

A propósito: hoy una chica saca su MP4, se coloca sus audífonos y se queda dormidota con el aparatito sobre su mochila. Le paso la voz y se acomoda en mi hombro. En fin. Cuando se despierta le hago señas, ella se desconecta de los audífonos y yo le digo que no se duerma con el MP4 en las manos, que en todo caso lo meta en su mochila. Y me mira, descubre un asiento vacío adelante, y se cambia dejándome solito =(

Sandra on 13.11.09 dijo...

no entiendo, si estaba vacio, porque embarrabas a todo el mundo? eres torpe G o que.

creo que no lei bien el post, taba durmiendo seguro.

pd: que buena choteada, la proxima no te metas.

G on 13.11.09 dijo...

"Saliendo divisé la Daewoo decentemente LLENA"... ¿Qué parte no entendiste, primor? =P

Sandra on 14.11.09 dijo...

bla bla bla

siempre quieres salir ganando cariño?

okas okas
oe me comentan los mismos porque no puedo dejar de comentarles a ellos buuuu!!!! pero no creo que lo sigan haciendo :)